Agustin Rodriguez

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GUADALAJARA, Jal.- Desde el clima hasta la imagen en cada uno de sus rincones que van de lo romántico a lo dinámico; del odioso bache hasta la magnífica edificación modernista, la Perla Tapatía es un encanto.

En restaurante de comida típica evaluamos resultado del evento donde me convencieron de la rapidez con la que las redes sociales toman su lugar en el campo de la información reduciendo la lectura impresa, que ahora se debe “subir” a la red para la nueva generación, sin quitar el papel  a la anterior.

En esta ciudad es imposible no recorrer algunas de las grandes avenidas o no admirar algo de Zapopan, donde el primer mundo hace presencia. Allí disfruté humeante café con la lectura de El Informador (impreso), que edita Carlos Álvarez del Castillo, miembro de una familia de arraigo e impresionante presencia social y política a lo largo de generaciones.

El columnista Octavio Navarro ilustra el lío que se traen el gobernador Aristóteles Sandoval y el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, por el siempre complicado paso de nombrar jefe de la Policía.

Alfaro escogió al político priista Salvador Caro y pronto hubo réplica, que el secretario de la comuna tapatía, Enrique Ibarra, ubicó en los sótanos del gobierno estatal. Es evidente el choque entre Estado y Municipio.

Caro no pasó el examen de confianza, dice la filtración, y eso implica renuncia automática. Pero no, a pesar de tampoco cumplir expectativas, sigue allí y eso se califica como necedad del alcalde, aunque unos pocos dicen que “es la determinación con la que gobierna”. Al final, el pleito sacó dos exámenes de confianza a la luz, donde Caro pasa y donde no pasa. Vaya manipulación.

Atrae este texto de Navarro: “los delitos del fuero común están al alza en Guadalajara como el resto de los municipios metropolitanos; (se) vive una evidente oleada de violencia que no puede justificarse con el cliché de la lucha entre cárteles”.

Nada raro tampoco en estos suelos guaymenses, agregaría este servidor.

De pasada, celebré el éxito que dice tener el grupo Mocedades al anunciar presencia la noche del domingo 13 de noviembre en el teatro Diana. Trataría de venir, pero quizá me exponga de nuevo al fraude del cual seríamos víctimas docenas de personas que fuimos en abril pasado a Los Mochis, a recordar con ellos el romántico ayer. Ni se presentaron, ni han devuelto las entradas.

Y la Profeco que dirige en el país Javier Nemer Álvarez, una vergüenza. En Sinaloa sugieren que uno vaya a Culiacán a resolver el tema. Entiendo, intentan hacernos perder por cansancio y dejar “colgados” a cientos. Esa es la credibilidad que tiene la dependencia que no ha dado una durante el mandato de Peña.

En vuelo a Cajeme meditaba en la necesidad de cambiar esquemas, pues se ha ido de las manos el orden de antaño, que también enfrentaba retos y resolvía situaciones. La falta de liderazgo nos lleva por una ruta ominosa y llega a extremos, pues no se entiende lo que pasa, menos cómo enderezar rumbo.

La falta de vuelos a Guaymas –puerto a la baja en casi todos sus rubros-- obliga a buscar destinos cercanos, pero a eso agradezco haber convivido en Ciudad Obregón con el mejor columnista de Sonora, Mario Rivas, y con el gran “Zurdo” Guerrero Barraza. Cuántas cosas recordamos. Enviaron saludos a la legión de amigos de esta región.

Puntualizo: la precipitación de rubros en este puerto tan lleno de recursos y tan mal administrado, incluye el turismo. El viaje a Jalisco me permitió rápida vuelta al sureste. Quintana Roo y Yucatán son turísticos y lo muestran con su atractiva, rica infraestructura, pero más con respeto y servicio al visitante para hacerlo volver. Nos falta mucho, de veras. Mediten en ello, autoridades y empresarios, y terminen con ese juego egoísta de querer que todo lo haga la contraparte.

EL PLEITO DE REGIDORES

Ya en casa, reviso información y consigno el éxito de Ariel Noriega con su Festival de la Calaca. Mucha cultura y asistencia. Enhorabuena.

Encuentro también que ya dirige como se debe la tarea policíaca, Norman Castillo Medrano, cuyo desempeño en Hermosillo para la administración de Javier Gándara rindió buenos frutos, como los obtuvo después en la Procuraduría General de la República.

Castillo terminó con la sequía de jefes policíacos formales, pues por alguna causa César Lizárraga y Otto Claussen dejaron un encargado de oficina; Lorenzo De Cima tenía más de un año con el mismo esquema.

Pero el pleito de la semana lo protagonizaron dos regidores, el de Movimiento Ciudadano Marcos Ulloa, y Eduardo González, quien llegó al Cabildo por petición directa al corredor de bienes raíces Juan Valencia Durazo, entonces líder estatal panista.

Al primero le sacó de quicio que el segundo dudara de su inteligencia, pues le explicó con peras y manzanas irregularidades con dinero que debería mejorar el desempeño de los policías y pues, no, puras negativas a la exigencia de que “El Pin” hiciera valer su papel como comisionado de Hacienda y Cuenta Pública.

Estalló, Marcos, y la verdad confórmese usted con esta expresión. No puedo transcribir la florida manifestación verbal a la cual solo se le regreso vía “watsap”, un reclamo que quiso ser airado. Ulloa sostiene la tranza en marcha, la segunda ya, y espera resultados sancionadores.

Mientras tanto, cumplió su palabra de llevar al secretario del Ayuntamiento Alán Jaramillo, a una mesa donde estuvo presente un conocido radiocomunicador a quien le entregó apreciados parabienes, lo cual se considera un paso hacia el acercamiento con las autoridades municipales, el alcalde principalmente.

Ya para irnos, de un momento a otro Carlos Mexía, titular jurídico del Ayuntamiento de Guaymas, interpondrá una denuncia formal de hechos ante autoridades judiciales estatales y federales, para dejar en claro que el actual trienio no es cómplice de Otto Claussen en el desfalco de dinero de los guaymenses, que superan, dicen las cuentas todavía en marcha, los 400 millones de pesos.

El Claussen del cuento pasea despreocupado y hace unos días divulgó una foto en redes al lado de Brenda Jaime, diputada local por Cajeme y representante del PRI estatal en Guaymas, donde se manifiestan “preocupados por lo que está ocurriendo en Guaymas”.

Me pregunto que significará eso: ¿Que el dinero de la deuda heredada no se encuentra ni en obra ni en caja? ¿Por la denuncia que se interpondrá? Ojalá lo aclaren.

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+ El drama que vive Guaymas

GUAYMAS, Son.- El “Puerto de puertos” que miró don Francisco de Ulloa una tarde de 1539, vive un drama por culpa de políticos no solo insensibles a las crecientes necesidades de la gente sino, contrariamente, egoístas y ambiciosos cuando se les coloca al frente de cargos públicos.

El pleito personal del alcalde Lorenzo De Cima con los señores Padilla, dueños de periódicos y radiodifusora entre otras empresas, lo paga Guaymas caminando hacia atrás y echando por tierra importantes pasos dados por otros representantes, cuestionados, sí, pero capaces de dejar algo que signifique progreso en un país en riña con ese término.

Tras el triste papel del trienio perredista, en 2000 el ejemplar productor rural Antonio Llano dejó su oficina en el emporio que da empleo a miles de trabajadores, para disputar la alcaldía por segunda vez. En 1982-85 hizo un trabajo reconocido por todos y valía la pena un nuevo intento, pero esta vez cayó ante Bernardino Cruz Rivas, un panista beneficiado con la “Ola Fox” que no se peleó con nadie pero no fue suficiente.

Por eso los guaymenses vieron en la fresca figura de Carlos “El bebo” Zataráin la solución al atraso y aunque el hoy alto funcionario federal enfrentó fuerzas poderosas, supo conducir su propósito, que siempre ha sido servir. El ejemplo prevalece para su calificación; cuando llegó la hora de dejar el mando, Antonio Astiazarán fue el beneficiario, pues la gente pensó que el PRI había entendido la lección y escogía lo mejor de sus filas.

Astiazarán repitió con creces el camino progresista de Zataráin y la secuencia a proyectos hicieron dar un salto a Guaymas, colocándolo en la plataforma del progreso.

Pero otra vez el PRI se equivocó en 2009 con Carlos Zaragoza, empresario que sabe hacer dinero pero se le dijo, no tenía simpatías ni en los muelles donde atraca sus barcos. Se impuso el PAN con el improvisado César Lizárraga, quien hizo exactamente lo esperado: nada. Corrijo: fue víctima de los coyotes de su partido y cometió errores financieros por culpa de ellos y, para Ripley, de los priístas que intentaba combatir.

En 2012, el PRI recurrió a su artillería pesada. Otto Claussen Iberri era la aplanadora que corregiría el desastre y sí, se impuso al empresario pesquero y socio de padrecistas, Manuel Aguilar. El problema fue que los 900 millones de pesos que presume Claussen haber invertido en obra pública, no se refleja. Los cerca de mil 800 millones de presupuesto y fondos adicionales captados habrían hecho mucho más.

Mucha obra ejecutada sí, pero los expertos sugieren que cada acción costó dos o tres veces más. Los políticos cínicos lo justifican afirmando que el representante puede robar, mientras deje algo, como dice el “Layín” nayarita.

Pero al afamado teutón se le pasó la mano. Pidió créditos bajo procedimientos típicos de la “mafia del poder”, parafraseando al tabasqueño aquel. Pagó comisiones indebidas y debidas, recibió dinero en tiempo y destiempo, en forma y ´desformas´, y cuando todo iba bien, su ambición por el “pastel” a repartir lo enfrentó a “cuellos blancos” empresariales y cuellos anchos políticos.

Mostró pantalones en la cena típica de “los que mandan” en una casa de playa en Miramar, al advertir que el PRI perdería con el candidato escogido, el para entonces desgastado oftalmólogo José Luis Marcos León Perea, quien planeaba terminar su trienio y tras largos años de “trabajo arduo”–fue dos veces diputado local y una federal--, retirarse a su tierra, un tranquilo pueblo de Hidalgo.

León Perea cometió dos errores: olvidar que “la política cuesta”, como pregonaba el simpático santanense Gildardo “El Flaco” Vázquez; y afirmar que “yo ya la hice” porque “el jefe ya me dijo que yo era”. El jefe, para cultura general, era Manlio Fabio Beltrones, quien captó el error de sostener esa candidatura cuando ya nada se podía hacer.

Aunque finalmente, solo se trataba de un municipio prescindible del proyecto priista, pues las inversiones grandes vendrían para Empalme como ya ocurre. Guaymas ya había sido saqueado por Otto y pensar en negocios con tal deuda era imposible.

Que ganara el Lorenzo De Cima del panismo padrecista era natural. Pero gente como Ernesto Munro no quiso dejar las cosas al azar y mandó la tropa de Seguridad Pública contra los priístas que fueron superados por mucho. Qué tristeza ver docenas de patrullas y cientos de agentes estatales amedrentando gente, e incluso cercando la sede de Seguridad Pública. Por eso muchos no salieron a votar. Por eso tan pocos votos.

Quienes ayudaron a De Cima están desencantados y le han retirado su apoyo. Mal augurio para el alcalde que vive obsesionado contra los Padilla de la comunicación, mientras el grupo, encabezado por Alejandro, se levanta tranquilo cada día a hacer sus labores en Guaymas, Empalme Hermosillo y no sé qué partes más.

No están, como De cima, pensando en cómo quitarse el pesado lastre, la suma de todos sus miedos. Se le ve, sí, con gente que hace negocios con el erario, y huelga mencionar la situación de violencia, inseguridad, insalubridad, oscuridad y basura que vive el Municipio. Y falta revisar las cuentas.

El alcalde suspendió la fiesta del pueblo el 15 de septiembre por hechos violentos en lo que murió una mujer y 6 personas más fueron heridas, pero dejó fijo –aunque llegó dos horas tarde— el evento de reflectores que era su informe. Hay quien afirma que no quiso exponerse esa noche “del grito”, al escrutinio de quienes lo verían desde la plaza de los Tres Presidentes, al alcance de un proyectil o gritos que sugerirían la falta de aprecio que ya le demuestra mucha gente, por lo mismo, restringió a piedra y lodo el acceso al auditorio Municipal.

Pero criticarlo implica enfrentar a un hombre con poder –maneja más de 600 millones de pesos en presupuesto y mil 500 empleados, un tercio de ellos sin obligación específica--, contestatario y que no le entiende al oficio.

Por eso el antecesor, el teutón a quien muchos ya veíamos tras las rejas junto con sus cómplices por la vileza cometida contra los dineros de Guaymas, hoy emerge como un héroe al responder certero y venenoso –“lo veo perturbado”, afirma--, a señalamientos de brújula descompuesta del sucesor, quien ya perdió la oportunidad de llamarlo a cuentas.

Otto ahora se promueve en redes sociales saludando gente, pescando en el maravilloso mar de Cortez o reunido con amigos y familiares en su preciosa mansión blanca en San Carlos sin horario definido, pues dicen que no tiene obligación --ni necesidad-- de trabajar.

Y Lorenzo sigue viviendo el infierno de no entenderle a esto y tratar de justificar un papel que, ya se confirma, le hará mucho daño al pueblo si dura tres años. Vive Guaymas, pues, un drama de veras.

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CD. DE MEXICO.- La monotonía de quien dirige las sesiones en el recinto legislativo de San Lázaro de pronto atraen la atención de alguien, cuando escucha sobre su estado o su Distrito.

No se trata de estar en todo. Un diputado puede oír sobre Cancún y la destrucción de humedales para hacer hoteles pero, si representa a Reynosa, “secar matitas” y matar “conchitas y caracolitos” no le significará un crimen de lesa natura de empresas en busca de lucro. Reaccionará cuando escuche de seguridad y otros problemas transfronterizos.

La Cámara de diputados es un hervidero de legisladores, visitantes, temas de una u otra cosa y la grilla está al 100. Desde aquel oscuro legislador de un partido protector de intereses de grupos ultraderechistas, hasta la combativa dama de Morena, representante de un distrito rural morelense, que disfruta ridiculizar al “Cuauh”, alcalde de Cuernavaca que antes jugaba futbol.

Igual el legislador refugiado tras pasar por altos cargos, o el que pronto irá a gobernar Yucatán u otra entidad. No falta quien buscó el fuero para evitar rendir cuentas.

El caso es que siempre alecciona penetrar al recinto donde, a veces con facilidad que asombra, deciden el futuro del país; otras, con guerras de criterios encontrados por los intereses que no se entrelazan. Pero al final, todo resulta terso.

Ingresar es pasar filtros mil. No tantos como cuando los diputados cerraron la puerta a Vicente Fox quien llevaba su último informe de Gobierno–terminada la enfadosa costumbre de informar con “la realeza” llenando un recinto de aplaudidores--, pero escuchar al mandatario ya no era el tema, si no ver si entraba. Entró, arrojó los libros y salió rápido en un cerco de guaruras y diputados recién electos entre quienes andaba un sonorense cinta negra en judo o algo así.

Pero cuando se va a algo específico, se entra y la atención es de primera. Por supuesto, uno debe visitar a su representante y saludé con afecto a Susana Corella, del 04 Distrito Electoral de Sonora, quien hace un papel apreciable. Va de aquí a allá, llama por teléfono, se reúne con funcionarios, concreta acuerdos, “torea” a uno que otro ocioso con dieta… no para, la verdad.

En la charla me anuncia que estará el martes siguiente y lo estuvo, en tribuna. No lo hizo mal. Sabe lo que hace. Así como es ella, entrona, fue a la cabeza del Grupo México, el del millonariazo Germán Larrea, para reclamar sus falsas promesas y le exigió remediar el cochinero con el que destruye el medio ambiente sonorense con sus minas. Creo que eso es causal para retirarle la concesión, pero el paso lo resuelve nuestro vapuleado presidente Peña Nieto.

Ni ayuda médica, ni plantas potabilizadoras ni nada. Todo lo cruza, Larrea, por el arco del triunfo, por eso Susana Corella le dijo con más palabras y en forma más diplomática, que no le anduviera haciendo al loco.

Y para que vean que Claudia Pavlovich hace su parte, le legisladora pidió a sus homólogos en el Congreso respaldarla en el exhorto al Gobierno Federal, para apoyar en ese jalón de orejas al Larrea del cruel cuento de destrucción y muerte que hereda a comunidades del Río Sonora.

Sépase, si no lo sabe, que el de las minas es tema federal, por eso doña Claudia no ha metido en cintura al grupo mafioso ese, pero fue oportuno el papel de Susana, como cabeza de la Comisión de Minería. Pronto se verán resultados.

Y solo para cultura general, la diputada guaymense tiene su oficina al lado de Sylvana Beltrones quien, creo, no necesita presentación. Y contactos mil, gracias a su carisma aunado a su energía para cumplir a favor de los habitantes del Distrito, 39 municipios a los que está respondiendo.

En el sitio, grato el saludo a los legisladores tricolor Ulises Cristópulos, quien adelanta lo bien que le irá en materia de inversión a Sonora gracias a la gestión de sus representantes. A su lado, Próspero Ibarra, cuyo nuevo “luk” --¿18 kilos menos?-- me hizo titubear antes de saludarlo. Si, era él.

Más allá, el tocayo Agustín Rodríguez, con quien charlé en su curul y para la posteridad quedó la foto tomada por la legisladora Tere Lizárraga, a quien saludé con gusto y la vi de cerquita. Les juro que no trae ojos inyectados en sangre ni arroja lumbre por la boca. Andan tranquilos. Hablan de planes y gestiones y la despedida fue con el infaltable “saludos al señor (Padrés. Quién más)”, a quien me reportan “por allí”, en el ex DF, tranquilo también y en espera de que pase el vendaval. No ocurrirá nada, según veo.

LIDERAZGO CONCRETERO

En realidad fui a Ciudad de México básicamente para acompañar al guaymense Ramiro Páez Cruz en la asamblea de la Asociación Nacional de Concreteros Independientes, grupo que creció en año y medio de trabajo de este empresario radicado en San Carlos, hasta controlar la mitad del concreto de las grandes obras del país. Ante los santones del concreto, Ramiro es bien visto y respetado. Ejerce liderazgo, lo cual da gusto, pues es un paisano que abre camino en esos niveles.

El evento de dos días en el Hilton, permitió saludar a mucha gente conocedora de ese sector. También a sonorenses radicados en la gran urbe, como el de Pueblo Yaqui Julián Luzanilla, hoy en el Fideicomiso que suple a aquel viejo Banrural donde también hizo labor de enlace entre los políticos y los productores, como ahora; y el de Bacobampo Juan Manuel Verdugo, secretario General del ISSSTE, metidísimo en eso de traerse una clínica de especialidades a Cajeme, donde se atienda a toda la región.

También a los exalcaldes de Guaymas Carlos Zataráin y Antonio Astiazarán, quienes enriquecen currículum el primero en la Dirección de Concertación Social de la Sedatu, y el segundo en la Transversalidad de la Sedesol. Astiazarán podría saltar a la Secretaría de Hacienda, a donde fue su amigo, Antonio Meade, a remendar el desgarriate creado por el extodopoderoso Luis Videgaray.

Allí cerca andaba Bulmaro Pacheco, hoy director del Instituto Tecnológico de Guaymas, donde se nota la mano de quien le entiende a eso de dirigir y gestionar en los altos niveles. Por cierto, este miércoles era buscado por militantes priístas para obtener sus consejos. Claro, sabe mucho de los asuntos del partido y de la política en general y en Guaymas no tardan en nombra dirigente.

INFORMES

Si se valiera, todos los alcaldes llorarían al micrófono ahora que rindan su primer informe de Gobierno en los 72 municipios de Sonora.

Pero no se vale. Como tampoco se vale que lo haga doña Claudia Pavlovich, quien da al mal tiempo buena cara, ahora que no pueden exhibir obras ni soluciones exigidas por la tarea diaria del Estado.

Serán informes austeros. Y algunos, de plano, parecen hojas contables, donde hasta la compra de un clavo o una ventana sobresalen como gran logro. Hace falta algo más que discursos para salir del hoyo. Vamos a ver de qué están hechos nuestros políticos y más nos vale que de un buen material.

TIROS RAPIDOS

1.- No nos fue tan mal con la tormenta Newton en el sur de Sonora. Sin embargo, ya comenzó la danza de los millones en daños. Siempre es buen negocio hablar de gastos cuantiosos para resolver problemas de emergencia. Ojalá no abusen, porque luego no les creen y esto resulta como cuando se insiste que viene el lobo y no viene.

2.- En Guaymas, a unos metros de las calles Miguel Alemán y la diagonal José María Yáñez, está el auditorio municipal donde Lorenzo De Cima tratará de justificar su primer año como alcalde.

Esas vías estaban anegadas de aguas negras. Ya no. Me dicen que por ser la sede del informe y se vuelve entendible en el sistema político nuestro. Luego me añaden, es que viene la gobernadora a acompañarlo en su informe. Ah, bueno. Y entiendo también con eso, por qué cesa la beligerancia de los regidores tricolor. Que nos sea leve.

3.- No se entiende la ruina que padece la región Guaymas-Empalme –al margen del cínico saqueo de sus alcaldes-- cuando destaca en exportaciones de productos del mar, del campo, la industria maquiladora y agregue inversiones por más de mil 500 millones de dólares en grandes proyectos industriales.

Urge que los alcaldes pongan atención en la promoción económica. Eso es prioridad, o la historia los recordará mal.

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Explicarlo, alto grado de dificultad; PAN, suda para defender al padrecismo; Guaymas, se le va el tiempo y no ve claro

GUAYMAS, Son.- Enrique Peña Nieto sufre el peor trato que a cuanto antecesor yo recuerde, desde Luis Echeverría a Felipe Calderón.

Todos carecen de inteligencia según la óptica popular, volcada cada vez más en la práctica común de culpar al mandatario en turno de todos sus problemas o frustraciones. Muchas veces, diría yo, con justificación, pues pasa el tiempo y la mejora del país -- la gente es el país, no los grandes corporativos—no llega.

Quien lamentó no poder hacer algo por “los pobres, los desposeídos”, fue José López Portillo, y pidió perdón. Peña Nieto es al segundo que escucho hacerlo, pero fue por permitir o ignorar el caso “Casa blanca” que involucra a su esposa, pero lo hizo cuando se olvidaba el agravio doble –la casa y el dineral que dice, ganaba La Gaviota como artista --, lo cual se volvió un error político.

Por supuesto, los presidentes distan de ser eso que se dice respecto de su presunta reducida inteligencia, no obstante lo cual hay chistes mil al respecto. El genial “Chapo” Soto acaba de recordarnos el más emblemático, a juicio mío, de esta cruel consideración:

Se acercaba la visita del presidente gringo y el mexicano acudía a recibirlo. Llovió, por ello saltaba charcos y tuvo debió arremangarse los pantalones para no mojarse las valencianas. Cuando llega el presidente gringo, el mexicano avanza con los pantalones arremangados para saludarlo y alguien le grita: “¡Señor presidente, bájese los pantalones!”.

El presidente mexicano, desconcertado, voltea y pregunta: “¡A cabrón! ¿Pues a poco le debemos tanto?”.

Poniéndoles nombre, decían de Luis Echeverría que un día, el jefe de escoltas, hombretón de impresionante altura y musculatura, le dice al oído durante una gira por Durango: “¡Señor Presidente, trae un alacrán en el hombro!”.

El “infatigable”, como llamaba el maestro Enguerrando Tapia al presidente de 1970 a 1976, le espeta al fiel escudero: “¡Quítamelo, pendejo!”

A veces la fonética nos confunde, por eso el ayudante quiso precisiones y le explica: “Señor, le puedo quitar el alacrán, lo otro, no sé cómo…”.

Entreguismo, por una parte. Incapacidad, por otra.

Peña ahora está en ese fuego amigo consuetudinario, agravado por las diferencias políticas con los grupos de poder, más que nada por los negocios que implica administrar el país.

Pero los obligados a defenderlo no se atreven, y quienes sí, no lo hacen bien. Parecen compadres. Y peor, deja ir colaboradores que no pudieron penetrar el escudo tendido por el grupo Atlacomulco, cuyo esfuerzo era hacerle ver que no todo es Estado de México, que no todo es negocio. Que hay algo más allá que someter a maestros rijosos  y perseguir “narcos”. Que hay un país hambriento, con falta de empleo y burlado por políticos que ya no gobiernan, cegados por la ambición del negocio rápido, lo cual les ha vuelto cleptómanos exacerbados.

En esa lista de idos, cuela el sonorense Manlio Fabio Beltrones, quien mostró respeto institucional y lealtad a las siglas y al jefe, pero no pudo más en la lucha por enderezar la nave.

Ahora se alejan el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong y la titular de Relaciones Exteriores Claudia Ruiz. Peña no los dejó ir, por supuesto. Habría sido un golpazo tan fuerte como el que ahora sufre nuestro mandatario por recibir a Trump. Lo medio salvaría la presencia, más pronto que tarde, de la otra candidata al mando del imperio, Hillary Clinton. Si no viene, agárrense. Y no se diga si la elección gringa la gana la dama.

Si quiere un culpable de haberlo convencido de recibir al millonario bocón que insulta a mexicanos como deporte favorito, se llama Luis Videgaray, secretario de Hacienda y según los cercanos, la conciencia –no sé si de aureola o cuernos-- de Peña.

Bueno pues, priístas, a defender a su líder, que es su obligación, aún cuando millones creen que no hay argumentos para lograrlo. Si sirve de algo, el senador Emilio Gamboa lo hizo afirmando que los priístas son muchos y con ellos se gana la presidencia en 2018.

Ah, y para orgullo regional, la legisladora federal Susana Corella lanzó su espada en prenda defendiendo al mandatario. Y va por ella. Tenía que ser una falda sobre muchos pantalones que permanecen estáticos ante la embestida.

Entre otras cosas, esto expresó la representante guaymense:

“Es cierto que falta mucho por hacer, pero más cierto es que México no puede estar sujeto a los intolerantes que se niegan a reconocer los derechos humanos y de respeto a la dignidad de la gente; ni tampoco a los pregoneros de quienes apuestan a una inmovilidad prehistórica que implica retrocesos”.

Y que el convencimiento sobre las reformas estructurales, adecuación de leyes y proyectos de inversión de Enrique Peña Nieto es tan sólido, que desde el Congreso de la Unión le han apoyado con la aprobación de 113 Decretos Presidenciales.

PAN, calladitos, más bonitos

No debe sorprender el intento de defensa de los diputados panistas Luis Serrato o Moisés Gómez Reyna, entre otros pitufines, negando las atrocidades cometidas por el pasado sexenio que  encabezó el todavía villano favorito, Guillermo Padrés Elías.

Tratan de desviar atención y parece que manipulan números para descargo de cuentas. No se puede. Y para confirmarlo allí están las declaraciones de Flor Ayala, la congresista quien punto por punto les explica el “ya sabemos” y les da con los números en la nariz, afirmándoles que “el PAN miente, los números no”.

El azul, se entiende, quiere defender al ejecutivo anterior, para defender la marca, pero no creo que lo haga convencido de lo que dice. A menos que el cinismo les haya creado una coraza tipo galápagos, o que los legisladores Serrato y Gómez Reyna busquen un escudo, porque estuvieron allí, vieron todo de cerca y quizá hasta le hayan agarrado la pata a la vaca. No les será fácil, pues, hacerla de “Chapulín colorado”.

Tiros rápidos

1.- Se va el tiempo y Guaymas parece perder la esperanza.

Después de la rapaz administración de Otto Claussen Iberri, quien hizo obra pero costó el triple y endeudó al Municipio con cifras impagables, parece que el alcalde Lorenzo de Cima, a quien la política no se le da, prefiere alejarse de la gente para no aceptar que no puede con el paquete.

Peor, sus cercanos ya divulgan que no podrá hacer mucho y pierden la esperanza, por eso algunos prefieren ver qué sacan para sí, por si no duran mucho en el puesto. Además, están asustados en el círculo cercano, porque los 200 millones de pesos que le soltarían este año para obras y pago de trácalas, parece que no llegarán. ¿El problema? Diputados y senadores azules que ayudarían a hacer proyectos faraónicos como un gran estadio de béisbol o campeonatos mundiales deportivos, le estarían cobrando hasta el 40% de “moches”, término inventado precisamente por panistas. Lástima que eso no lo confirmará el enconchado alcalde.

2.- Fui a Los Algodones, preciosa playa en el norte de San Carlos, y frente a ella veo trabajos de urbanización y colocación de ornato vegetal. Pregunto y me responden que sí, comenzó el proyecto que los Coppel al parecer asociados con los Bours, diseñaron para aprovechar los antiguos suelos del Club Med y otra extensión frente a éstos. Enhorabuena. Esa gente habla en serio cuando se toca el tema financiero.

3.- Desde este espacio hago llegr mi solidaridad a mi estimado Alberto “Beto” Nevarez Grijalva, un comunicador con quién por décadas me he encontrado en el camino y siempre me ha demostrado que a su capacidad profesional, agrega la facilidad de ser amigo.

Hoy sufre el duro trance de perder a su señora madre, doña María Teresa. En mi oración a Dios para que como todos los días, me cuide de las acechanzas del mundo, le dije que envíe resignación a mi amigo, porque la separación del ser más querido, desgarra el alma. Te abrazo, Beto.

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+ A prueba el blindaje de Lorenzo; CPA, inteligencia contra el delito; CEA: sí, pero ¿Y el servicio?

GUAYMAS.- Expertos no son, por eso tardan, pero pronto la presión de varios regidores de esos muy escasos que llegan con intención de ayudar a la comunidad, obligará al alcalde Lorenzo De Cima Dworak a implantar el programa de austeridad que le debe a la ciudad.

El enclaustrado presidente del Ayuntamiento casi cumple un año en la silla que dejó llena de lodo su antecesor y no ha podido con el desastre heredado. Batalla hasta para pagar quincenas, no se diga servicios como el lío ese con PASA, la recolectora de basura que viene, le explica y, es por demás, no entiende. Juan Torres Gómez usa peras y manzanas, y ni así.

Quizá hay mar de fondo. La especulación sugiere pleito de Lorenzo para rescisión del contrato, tras lo cual aplicaría la urgente recolección rentando dompes a parientes y amigos; luego, entregaría la concesión a otra empresa.

La ruta ya se conoce. La inició César Lizárraga en el trienio 2009-2012, pero a PASA le han salido bravos algunos municipios y ni se despeina para ponerlos en su lugar. Así será de nuevo, aunque no lo entiendan los asesores del alcalde de Guaymas.

El por qué, es fácil suponerlo: todos piensan en un pastel que puede devolverse para hornear otro y quedarse con la mejor tajada. No es así. Y no se justifica acusar a los gestores del contrato en el pasado, pues el documento tiene pelos y señales para actuar en consecuencia y todo parecen hacer, menos leerlo.

El servicio costaba un millón 500 mil pesos; actualizado, 2 millones 200 mil; si se cumple, bien; si no, la ley dice qué hacer. Y sobre todo, tomen en cuenta a la población, dueña del dinero, por más que los residentes temporales de Palacio piensen que es suyo.

Sea cual fuere el caso, el Ayuntamiento no acusa formalmente de nada a PASA, todo es jarabe de pico; y como las obras y gestiones que han hecho dar mil vueltas a México a los funcionarios de don Lorenzo, son solo fuegos artificiales con cargo al dinero público.

Por cierto, qué placer saludar a Alán Jaramillo, secretario del Ayuntamiento, un poco más doradito por su fin de semana en precioso yate en las siempre disfrutables aguas de San Carlos; yo lo ubicaba en Phoenix, a donde viajó la pasada semana, a combinar trabajo con placer, pues sigue vigente su pleito con un terrateniente local a quien le disputa suelos junto al mar, mismos que puso a disposición de la autoridad municipal, aunque creo que debiera esperar a que sean suyos, no solo creer que lo son.

Volviendo al pleito de comadres del alcalde y PASA, me llegan cuestionamientos respecto a la voracidad de la firma privada, pero al final se coincide: se encamine o no el alcalde a terminar con la esa relación, primero debe pagar. Pero no podrá si sigue encareciendo la nómina, pues entre amigos y recomendados le agregó casi dos millones de pesos por mes y esa cifra, solo esa, ya le habría sacado de apuros ¿Novatez?

SIN DENUNCIAS

A como se ven las cosas, se irá el tiempo y el contralor Fernando Ortega no llamará a cuentas a Otto Claussen Iberri.

Al primero ya ni el sol le da. No quiere interrogantes sobre la anunciada demanda contra quien presuntamente saqueó la comuna con más de 600 millones de pesos –obra pública fraudulenta y endeudamiento bancario carísimo, el propio Ayuntamiento dixit—; el segundo sigue interactuando en redes sociales para mostrarse en fiestas o paseos en los que no refleja hambre, ni mucho menos.

También aquí los fuegos de artificio crearon una expectativa que se vuelve frustración entre quienes sí quieren a Guaymas y lamentan los difíciles tiempos que padece. Los 100 días de gracia pasaron y tras ellos, muchos más y nada indica que será un buen trienio.

TIROS RAPIDOS

1.- Claudia Pavlovich conoce a fondo el problema de seguridad pública de Sonora y sabe que no debe exponer a las fuerzas de la ley cuando los recursos de “los malos” superan a los del Estado, que además, enfrenta la dificultad de la propia Ley marcando mil limitantes, bajo esta sabia cita: vale más un culpable libre que un inocente preso.

Por ello gana el aplauso al anunciar tecnología, ciencia, inteligencia y trabajo coordinado para ir contra el delito y el crimen organizado, como sugieren los expertos, pues un choque frontal implica bajas y no garantiza resultados. Peor, redunda en baños de sangre que nos mostraron al mundo como un país de bárbaros en los últimos años, con todo lo que ello implica.

Se andará pues, con métodos científicos por el camino de la justicia y enfrentar el delito será primero un proceder donde las balas estén ausentes; aparecerán, sí, pero solo en casos en que sea estrictamente necesario, para lo cual también estarán preparados los cuerpos responsables de nuestra protección.

La gobernadora anunció el Centro de Control, Comando, Comunicación, Cómputo, Coordinación e Inteligencia (C5i), con equipamiento y recurso humano suficiente para la meta buscada. Un millar de personas lo operarán, vigilando el Estado y cuidando de cerca a la población. Eso se oye tranquilizador.

2.- El Cereso de Guaymas es un polvorín.

Lo demuestran tres manifestaciones violentas de los confinados en los últimos tres meses, con heridos y daños, producto de abusos dentro del recinto que no se justifican pese al tipo de personas que albergan.

Es bueno que el secretario de Seguridad Pública, Adolfo García Morales, haya tomado medidas como separar manzanas podridas entre los reos, y sigue hacer lo propio entre funcionarios, pues parece que se les pasó la mano en eso de buscar beneficios materiales por otorgar privilegios que se supone, no existen dentro del reclusorio.

3.- Comisión Estatal del Agua trae una cacería de brujas cortando el servicio a medio mundo y quebrando pavimentos –algunos nuevos—en su afán de sanear, dicen los funcionarios de Sergio Avila Ceceña, las finanzas del organismo.

Pero eso no es honesto. La infraestructura es afectada por esas prácticas; se sufre derrame de aguas negras que enferman y matan a guaymenses, de escasez de agua hasta para servicio doméstico –no, no se puede beber por su alto grado de impurezas-- y frena el progreso porque su gente no tiene capacidad para impulsar proyectos viables para disponer de nuevas fuentes de abasto.

Una empresa comienza vendiendo productos de calidad para conservarse en el mercado, y no al revés. Oficialmente no ha subido el precio del agua, pero la diablura es reducir la entrega. Si falla el sistema en el abusivo tandeo –como falla a cada rato, vea sus mil boletines anunciándolo—, es peor.

Ahora se escuda bajo el anuncio de que gasta millones de pesos para colocar válvulas y sectorizar el abasto, lo cual huele a leperada, pues lo mismo anunció hace 8 años el perseguido y nunca alcanzado exadministrador también obregonense, Pedro Luis Bórquez Antillón, quien hasta me llevó a ver esos circuitos terminados. Resulta hoy que son novedad de nuestros nuevos técnicos.