Arturo Soto Munguía
HERMOSILLO, Son. – Este viernes, el colega y amigo Gustavo Valenzuela presentará ante la Fiscalía General de la República, la Comisión Nacional de Derechos Humanos y la Comisión de Arbitraje Médico, una demanda por negligencia y discriminación contra el doctor Marco Antonio Sau Hernández, nefrólogo del Hospital Fernando Ocaranza, del ISSSTE.
Desde hace tres años, Gustavo presentó complicaciones en uno de sus riñones, secuelas de la pandemia de Covid 19. Desde entonces es candidato a trasplante, pero su vida se ha convertido en un lastimoso peregrinar por los escabrosos caminos de la Dinamarca prometida en el sector público de la salud.
Actualmente tiene que someterse a un procedimiento de hemodiálisis tres veces por semana. No hay en Sonora un hospital público que realice trasplante de riñón y en ese viacrucis ha enfrentado un verdadero infierno que incluye constantes viajes a hospitales de la Ciudad de México y hemodiálisis en clínicas privadas porque las máquinas del ISSSTE en algunos periodos se han descompuesto. Como toda enfermedad catastrófica, su economía familiar se ha visto mermada hasta el grado de comprometer su propia sobrevivencia.
En el nuevo Hospital de Especialidades sí hay médicos, personal y equipo para realizar trasplantes, pero por alguna razón aún no cuenta con los permisos correspondientes.
En su largo peregrinar por atención médica, se ha visto obligado a largas estancias en Ciudad de México, rentando una habitación cerca del hospital donde deberían realizar el trasplante, con la esperanza de que un día de esos sea llamado para la cirugía. No ha sucedido.
En alguna ocasión, en el colmo de la indolencia, del Hospital Fernando Ocaranza lo remitieron al ISSSTE Culiacán para ser atendido allá. Cuando llegó, los médicos se sorprendieron porque en aquel hospital no se realizan trasplantes.
Sería largo relatar todos los avatares que ha tenido que sortear en estos años, gastando lo que no tiene, pero lo peor, viendo cómo su salud sigue deteriorándose.
La semana pasada, fue ingresado al Fernando Ocaranza para su hemodiálisis, pero estando allí sufrió una baja de presión que lo mantuvo casi inconsciente durante varias horas. Lo atendió el doctor Sau Hernández. Bueno, eso es un decir, porque nunca le aplicó procedimiento alguno ni le suministró medicamento para estabilizarlo, y de eso hay testigos, incluso personal de enfermería dispuesto a declarar en el litigio que se viene.
El doctor no solo no lo atendió, sino que estando casi inconsciente le echó en cara de manera altanera la presunta responsabilidad del despido de una enfermera, algo que sucedió mientras Gustavo se encontraba en una de sus estancias en Ciudad de México.
Ciertamente que Gustavo, junto con otros pacientes con deficiencia renal terminal, lo que en términos llanos significa que solo tienen dos opciones: el trasplante o el panteón, como ilustró ayer con dolorosa ironía durante la emisión del programa Lenguas Vespertinas que se transmite de lunes a viernes por el 104.7 FM de Radio Sol, han participado en manifestaciones para exigir su derecho humano a la salud, sobre todo en esos periodos cuando las máquinas de hemodiálisis han dejado de funcionar.
Afortunadamente, y esto lo ha reconocido públicamente en sus espacios periodísticos, hay personal en el ISSSTE verdaderamente comprometido con su misión de salvar vidas y es gracias a ellos que todavía le quedan fuerzas para levantar la voz y visibilizar lo que ocurre en ese nosocomio.
El doctor Sau Hernández no solo le negó la atención, lo envió a su casa con la presión muy baja para que se recuperara como pudiera y además, lo regañó, lo acusó de ser una persona conflictiva y se refirió a la familia del paciente en esos mismos términos.
Por todo lo anterior -y algunos otros episodios por los que nadie tendría que pasar- es que Gustavo Valenzuela presentará este día la demanda respectiva, de la que hay que estar pendientes y si se puede, hacerla del conocimiento de las más altas autoridades del ISSSTE, especialmente al director general, Martí Batres Guadarrama. Es la vida de varias personas lo que se está defendiendo en este litigio, que por cierto se enmarca en una de las más serias crisis por las que ha atravesado el sistema de salud pública en México.



