WASHINGTON, EEUU, 28 de febrero de 2026. – La noticia sobre la muerte de Alí Jamenei, líder supremo de irán, fue confirmada por el presidente Donald Trump.
El dato que era un rumor en círculos de inteligencia, fue ratificado por el presidente a través de un video en redes sociales, con lo cual puso fin a una era de casi 4 décadas de teocracia absoluta en la República Islámica.
Desde Jerusalén, el primer ministro Benjamín Netanyahu habló del operativo militar dirigido contra la residencia oficial del clérigo.
Mantuvo la cautela diplomática habitual en estas operaciones, pero Netanyahu afirmó que existen «señales inequívocas» de que Jamenei “dejó de existir” tras el impacto de los proyectiles israelíes.
Alí Jamenei, de 86 años, ascendió al poder en 1989, sucediendo al fundador de la revolución, el ayatolá Ruholá Jomeini.
Bajo su mando, la figura del Líder Supremo consolidó una autoridad totalitaria, manteniendo el control absoluto sobre el estamento militar, el poder judicial y todas las ramas del Ejecutivo iraní.
Su legado está marcado por dos pilares inamovibles, como su hostilidad sistemática y una retórica y acción directa contra Estados Unidos e Israel, así como la expansión regional: creó un eje de influencia chiíta diseñado para confrontar a las potencias sunitas del Golfo.
El último año de su vida estuvo definido por la erosión de su poder, iniciado tras el ataque de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023, que desencadenó una respuesta regional que terminó por aislar a Teherán.
La muerte de Jamenei ocurre tras una cascada de crisis que llevaron al régimen al límite. En junio de 2025, ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos devastaron infraestructuras clave del programa nuclear y de misiles iraní, y eliminó a figuras centrales de la Guardia Revolucionaria.
El escenario obligó al ayatolá a pasar sus últimos meses operando desde la clandestinidad.
En lo interno la situación era igualmente crítica. En enero de este año, Irán fue escenario de protestas masivas impulsadas por una población asfixiada por las sanciones económicas.
La respuesta del Estado fue una represión brutal que dejó miles de muertos, profundizando la brecha entre la teocracia y una sociedad civil amargada por el aislamiento internacional.
La desaparición de Jamenei representa un vacío de poder en Irán y el posible colapso de la arquitectura de seguridad que Teherán construyó durante 36 años en la región. Con la confirmación de su deceso, hay incertidumbre sobre quién asumirá el mando en un Irán fragmentado, mientras la comunidad internacional evalúa el impacto en la estabilidad global.



