CD. DE MÉXICO, 20 de febrero de 2015.- El caso de los hermanos Jaume y Joan Font es es ejemplo de la frase “ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón”.
La realidad superó la ficción con los oriundos de Gerona, España, con un hecho que pareciera cuento:
En 2003, los hermanos Font compraron el lienzo “Retrato de Antonio María Esquivel”, presunta obra de Francisco de Goya. Lo hicieron a un fotógrafo que lo adquirió en una subasta y hasta les dio un certificado de autenticidad.
Sometieron la obra a una nueva prueba y anticiparon 20 mil euros para completar al trabajo entregado, 250 mil euros, una vez que la obra fuera confirmada como auténtica.
El lienzo muestra al pintor español, Antonio María Esquivel, ataviado con la medalla de la Orden de Isabel la Católica, lo cual mostró el primer indicio de falsedad. Pronto se reveló que el cuadro no fue pintado por el pintor zaragozano, pues Esquivel recibió la condecoración 11 años después de muerto Goya.
Los Font, no obstante, decidieron deshacerse de la obra y se apoyaron en el apócrifo certificado de autenticidad. La presunta víctima era un jeque árabe capaz de pagar una fuerte suma sin tantos filtros.
Nunca vieron al presunto jeque, sino a un intermediario. Con él cerraron un trato de 4 millones de euros por la obra. El inicio de la transacción se realizó en Turín, Italia, con un anticipo de 1 m,illón 100 mil euros, pero debían pagar los honorarios del intermediario del magnate árabe: 300 mil euros.
Los pagaron con apoyo de un amigo empresario a quien le devolverían 380 mil euros.
Se hizo el intercambio y los Font salieron de Italia con mucho dinero, pero qué decepción llevaron al trataron de depositar el dinero en un banco de Ginebra, Suiza. Allí les informaron que el dinero no era más que “un montón de fotocopias” del dinero.
Jaume y Joan Font fueron detenidos en España, les confiscaron la falsa obra y se les acusó de fraude. Nadie ha vuelto a saber de los 300 mil euros ni del intermediario.



